“Y una vez durante una tormenta intenté pasar de mi dormitorio al de mis padres por la cornisa estrecha que circundaba toda la casa bajo las ventanas, y me resbalé y caí en un seto de boj del que me sacó el chófer de mi madre, para luego llevarme a casa en brazos, y aún hoy el olor a ramaje húmedo trae consigo una sensación placentera, un ligerísimo vértigo de emoción, que podría estar relacionado, creo, con el hecho de que me rescataran de ese modo, aunque no recuerdo para qué quería ir al dormitorio de mis padres o por qué no utilicé las puertas.”

Cristal, Sam Savage

Cristal, portadaAunque tarde, por la hora, he decidido celebrar el día del libro con un pequeño fragmento de Cristal, la última novela de Sam Savage. Lo he hecho porque la estoy leyendo justo ahora y porque según avanzaba en la lectura de este párrafo me asaltó una agradable sorpresa por la manera en que la historia da un giro inesperado y porque es un claro ejemplo de condicionamiento, que me vino rápidamente a la mente.

Como lector esperaba que el condicionamiento hubiese tenido más que ver con la situación desagradable de la caída, o la altura desde la que se produjo. Sin embargo, la carga emotiva del rescate otorga a este una mayor valencia que a la caída en sí, por lo que la respuesta condicionada es la de una sensación de bienestar. De nuevo, otra agradable sorpresa para mi, fue el hecho de que el estímulo no condicionado, desencadenante de dicha respuesta, no sea la aparición del chófer sino el olor a follaje húmedo, algo que, por otro lado, a muchos nos produce una sensación placentera, aunque evidentemente por motivos ajenos a los de la protagonista de la historia.

Novela: Cristal, de Sam Savage