Los modelos importan.

El modelo biomédico, predominante aún entre las profesiones sanitarias equipara el daño en los tejidos al dolor. De ello se deriva la necesidad de encontrar una lesión para explicar el sufrimiento del paciente. Es suficiente con curar dicha lesión para que el sufrimiento desaparezca. Nada más lejos de la realidad. El modelo biopsicosocial, hacia el que parece tender la sanidad y que empieza a tener un fuerte arraigo entre los fisioterapeutas en otros países (aquí como siempre vamos con un relativo retraso) relaciona la lesión y nocicepción con las creencias y actitudes del paciente y cómo éstas interactúan con las influencias sociales, culturales, laborales… Es, por tanto, un modelo más amplio y que engoblaría al modelo biomédico tradicional. Sin embargo, con la adopción del modelo biopsicosocial, los fisioterapeutas corremos el riesgo de dejar demasiado a un lado la parte a la que siempre nos hemos dedicado: la bio, en este caso relacionada con las estructuras encargadas del movimiento y las disfunciones del mismo. En medio de la polémica alrededor de este punto, me he propuesto compartir algunas consideraciones personales al respecto:

1. El fisioterapeuta aborda el tratamiento de las distintas patologías del paciente desde la parte bio, y considero necesario que esto continúe siendo así. En los últimos años, la tendencia a abrazar el componente psicosocial puede haber hecho abandonar en parte esta circunstancia. Jull, nos previene de este asunto acertadamente. Abrazar el modelo biopsicosocial implica ampliar nuestras miras, no cambiar el foco de las mismas.

2. El dolor es un proceso biológico como cualquier otro, creado eso sí por el sistema nervioso. Los cambios funcionales en el mismo, traducidos en cambios sinápticos, consecuencia del input nociceptivo, creencias, experiencias pasadas, expectativas, procesamiento de dicha información y finalmente de sus respuestas, pueden traducirse en alodinias, hiperalgesias, alteraciones discriminativas, alteraciones de movimiento, discapacidad… y contamos con herramientas para medir cada una de ellas. Podemos comparar estos cambios con, por ejemplo, los que acontecen a las fibras musculares sometidas a entrenamiento: aumento de sarcomeras, traducidas en una hipertrofia muscular y un aumento de la fuerza o resistencia muscular.

Hay numerosos factores que no son incumbencia directa del fisioterapeuta, pero como bien indica Rubén Tovar en su magnífica entrada, tenemos herramientas para cambiar algunas de estas situaciones: condicionamientos, creencias asociadas directamente con el movimiento, percepción de que dolor equivale a daño tisular, por no hablar de cambios somatosensoriales y motores, en los que no cabe discusión alguna sobre el papel de la fisioterapia.

Por tanto es importante para el fisioterapeuta abordar estos cambios neurobiológicos, dejando a un lado los cambios neuropsicológicos, de los que debe encargarse el profesional pertinente.

3. Por último, resaltar la importancia de la independencia del paciente. Atender a las actitudes y creencias es importante puesto que éstas pueden suponer un freno en la misma. Los componentes sociales y laborales también son importantes y en la mayoría de las ocasiones más fáciles de abordar por parte del terapeuta. Basta con acudir a casa del paciente, algo que me consta hacen grandes profesionales (algunos de ellos lo mencionaron en el #3NFSR) o hablar sobre la ergonomía en los puestos de trabajo puede suponer el empujón definitivo hacia la recuperación total.

Finalmente, y como conclusión, creo que como profesionales debemos centrarnos en lo que conocemos: disfunciones del movimiento. Que estas disfunciones pueden ser provocadas por alteraciones anatómicas y/o biomecánicas, pero también debido a cambios funcionales en el sistema nervioso que debemos saber manejar, y otros que no son de nuestra incumbencia y por tanto debemos derivar al profesional correspondiente. Si, además ampliamos nuestras miras más allá de la mera biomecánica para acercarnos a la vida de nuestros pacientes, estaremos actuando de acuerdo al modelo biopsicosocial: hoy por hoy, la mejor manera de afrontar con garantías de éxito los problemas de nuestros pacientes.