En 2002 la Physiotherapy Pain Association, bajo la dirección de Louis Gifford, publicaba el tercer título de la serie Topical Issues in Pain. Unos libros imprescindibles para el manejo de pacientes con dolor crónico. Esta edición es casi un monográfico sobre el dolor regional complejo, que engloba bajo las siglas SDRC tipo I y II según exista una lesión nerviosa inicial (tipo II) o no (tipo I). Estas siglas engloban las anteriormente conocidas Algodistrofias simpaticorreflejas, Atrofias de Sudeck, Algodistrofías… explicadas mediante un dolor mantenido simpáticamente, cuyo mecanismo se pone en entredicho en el libro y que hoy formarían parte del tipo I.

CRPSEn un capítulo escrito por Mick Thacker y Louis Gifford (uno de varios), en el que revisan la eficacia de la fisioterapia en el tratamiento de estos trastornos llegan a la conclusión de que no existen demasiadas evidencias que justifiquen el uso de la fisioterapia en el tratamiento del síndrome de dolor regional complejo. Según se avanza en la lectura del capítulo nos damos cuenta que los autores han revisado el uso de ultrasonidos, electroterapia, acupuntura, termoterapia y masaje… todas ellas técnicas pasivas, que sabemos no ofrecen los mejores resultados en pacientes con dolor crónico. En cuanto a las técnicas activas, se estuvo usando durante bastante tiempo el stress loading, en la que se provoca una carga axial progresiva e intermitente en la articulación afecta y que ya entonces estaba en entredicho.

Sorprende como sólo diez años (ahora ya once) después, las cosas han cambiado sobremanera. Los métodos de gradación de actividad e imaginería motora gradual, basados en los conocimientos actuales en neurociencia, que permiten activar áreas cerebrales relacionadas con el movimiento de manera controlada, permiten establecer un ritmo de entrenamiento del mismo para mejorar la discapacidad del paciente y disminuir el dolor. Aunque aún en fases iniciales, el entrenamiento de la discriminación táctil permite mejorar los cambios producidos en el homúnculo sensitivo y que se ha visto están relacionados directamente con la intensidad del dolor. Por último, la rehabilitación somatosensorial, una técnica muy sistematizada (como todo lo Suizo) de desensibilización con la que conseguimos disminuir la zona e intensidad de la alodinia mediante estímulos principalmente vibratorios y que tendré la oportunidad de aprender la semana que viene, con mi amigo Vicenç Punçola.

En diez años hemos pasado de no disponer herramientas fiables a disponer no de una, sino de hasta tres en el tratamiento de una complicación compleja y que, desde luego necesita de un abordaje multidiscplinar en el que el fisioterapeuta debe tener su sitio.