Aunque es difícil definir un movimiento como óptimo, dado que es normal hacer actividades funcionales de diferentes formas y con patrones de reclutamiento distintos, éste asegura la eficiencia mecánica y energética, disminuyendo el estrés sobre los tejidos.

En entradas anteriores escribí sobre la relación rigidez-flexibilidad relativas, en la que propuse como ejemplo la extensión lumbar durante una flexión de cadera en prono como consecuencia de una flexibilidad relativa de la musculatura abdominal respecto del recto anterior femoral, mostrando esta relación entre dos estructuras anatómicas en serie.

En otra entrada, cité la importancia de una herramienta bastante olvidada, la valoración de fuerza muscular, con la que podemos obtener mucha información clínica sin necesidad de tecnología alguna.

Relacionada con éstas, voy a intentar desarrollar otros aspectos del control del movimiento, relacionados con la generación de tensión de un músculo en diferentes posiciones. Los músculos, como otras estructuras, son capaces de adaptarse a las demandas funcionales exigidas. Así, un músculo que habitualmente trabaja en su carrera externa (en elongación) creará más sarcomeras en serie. Como consecuencia del aumento de sarcomeras, el músculo será capaz de realizar mayor tensión y tendremos un músculo más fuerte.

Curva de longitud-tensión

Comerford, 2001

Por contra, los músculos acostumbrados a trabajar en acortamiento, disminuirán el número de sarcómeras en su estructura a cambio de aumentar tejido conectivo, conviertiéndose en músculos capaces de desarrollar menos tensión durante su contracción.

En la entrada de medición expuse rápidamente que la valoración de fuerza muscular solía hacerse con el músculo en acortamiento (carrera interna). Si observamos la gráfica, vemos que curiosamente el músculo más débil es el que va a testar como más fuerte, mientras que el músculo capaz de generar una mayor tensión va hacerlo como débil, dándonos una falsa impresión en cuánto a sus capacidades.

Ésta vuelve a ser una situación de flexibilidad relativa. Por ejemplo, un músculo tensor de la fascia lata rígido y acortado respecto de un glúteo menor posterior elongado va a llevar la cadera hacia una abducción, flexión y rotación interna cuando se pida al paciente abducción de cadera. Si testamos en esta posición, veremos que el TFL nos da una puntuación cercana a 5, mientras que la puntuación del glúteo medio posterior, cuando llevamos la cadera hacia una ligera extensión, va a ser inferior.

El tratamiento de esta paradójica situación, en caso que se considere clínicamente relevante, consiste en la activación en acortamiento del músculo elongado para adaptarlo de nuevo a una longitud normal que permita la realización de todo el rango de movimiento en todas las articulaciones sobre las que el músculo actúa.