De tripas, corazón.

Algo así, y no sin esfuerzo, hace uno cuando, siguiendo la guía académica por la universidad establecida, se le presenta la tesitura de hablar a un grupo de alumnos de climatoterapia. Empresa que acometeré, si calculo bien, dentro de una hora y cuarenta y cinco minutos.

Porque algún recoveco de la definición de fisio-terapia anima a pensar que somos los fisioterapeutas los encargados de la difusión científica del saber popular detrás del “váyase usted a Cuenca que allí no le dolerán los huesos”, o “esos pulmones no sanarán viviendo cerca de un acantilado”.

Clima Carlos Lopez Cubas OSTEON Alaquas Centro de Fisioterapia

Y buscando, sorprendentemente encontrando, y analizando lo encontrado, encuentro algo curioso: los nórdicos adoran nuestro clima mediterráneo, y los alemanes las islas canarias.

No son pocas las referencias a estudios que aplauden los efectos de nuestras costas para sanar reumatismos 1, 2, y la psoriasis, asma bronquial y dermatitis atópica allá por las siete rosas amarillas que cantaba José Velez 3.

Alguien con pensamientos retorcidamente maquiavélicos podría entrever una oculta intención en estos estudios, algo así como un argumento a favor de que sus sistemas sanitarios o aseguradoras abonen esos viajes que los atraen a nuestras tierras, todos sabemos que con claro afán terapéutico.

Ahora que todo el mundo se anima a meterse en temas de alimentación y nutrición, podríamos los españoles demostrar que los efectos del salmón en Noruega son mucho más beneficiosos que, por ejemplo, en Alicante. A ver si de esa forma nos dejan más baratito el acercarnos por los fiordos, que al precio que está el tema uno no puede más que conformarse con ver las bonitas fotos de las portadas de revistas de viajes y de venta de cruceros.

Si algún conquense, alicantino, noruego, alemán, o algún salmón, se ha visto ofendido por el contenido de esta entrada, ruego admitan mis más sinceras disculpas.

Disfruten todos del clima de allá a donde se acerquen esta Semana Santa.