Creo que, actualmente, todos los fisioterapeutas somos conscientes de que la práctica basada en la evidencia científica se plantea como una de las más anheladas metas de nuestra profesión. Pero no somos tan crédulos como para presumir de un correcto y aunado encaminamiento al respecto. Queda mucho por hacer, y de momento, aunque no conformarnos, sí podemos disfrutar de la capacidad de una fisioterapia informada en la evidencia.

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De lo que sí debemos ocuparnos, y eso urge, es de cribar el grano de la paja, y no dejarnos engañar por términos de cercana fonética, pero que desde luego no son lo mismo que aquello a lo que nos referimos.

  • Fisioterapia basada en la Creencia, en la fe que mueve montañas, sobre todo cuando esas montañas sólo existen en la imaginación del practicante, en esa seguridad asentada cómodamente en lo, afortunadamente para ellos, inexplicable, irrefutable por tanto con el raciocinio, y libre así de sufrimiento en la discusión.
  • Fisioterapia basada en la Exigencia, en la necesidad de ajustarse a protocolos impuestos, e indicaciones en ocasiones injustificadas, por parte de otros profesionales (cuando las indicaciones son incompletas, incorrectas, o avaladas por intereses lejanos a la buena praxis), o a veces incluso del paciente que, animado por aquello que rezan los carteles en las panaderías, intenta convencernos de que como cliente siempre tiene la razón.
  • Fisioterapia basada en la Tendencia, la fisioterapia de moda, la que gusta a profesionales dados al espectáculo, y a pacientes gustosos de diferenciarse, y despuntar nombrando a su fisioterapeuta molón en las reuniones sociales.
  • Fisioterapia basada en la Experiencia, en el “a mi me funciona”, propio y ajeno, que endulzado en términos como evidencia clínica, o más directamente empirismo, muchas veces es el único motor de las estrategias terapéuticas seleccionadas.
  • Fisioterapia basada en la Videncia, la magia, la chafardera potestad del que todo lo ve, el eterno pronosticador de la bondad de sus actos, que transmite su convencimiento en los buenos resultados por venir como única herramienta sanadora.
  • Fisioterapia basada en la Eminencia, en los gurús que tanto han poblado nuestra profesión, aceptando su potencial incontestabilidad, con el peso del nombre por bandera.
  • Fisioterapia basada en la Ascendencia, reflejada en esas estirpes que, cual personaje de Noah Gordon y su transmisible don, creen poder justificar su supremacía en base a la fama adquirida por los predecesores de vínculo sanguíneo, los niños de papá de la fisioterapia acomodados en esta especie de Fisioterapia basada en la Eminencia Congénita.

Yo, sin dudar, y sobre todo tras releer las barbaridades que he escrito, me quedo con la fisioterapia informada en la evidencia.