Operador vs Interactor (parte 1)

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Este post es prácticamente una traducción literal del texto de Diane Jacobs “Operator vs Interactor”

La terapia manual ha estado entre nosotros desde la antigüedad; incluso antes, evolucionó biológicamente como el acicalado mutuo en primates o el pre-lenguaje en humanos. Todas las vías neurológicas para apreciar el tacto y manejo de otros están ahí en los humanos, solo por ser vertebrados.

Durante el camino hacia la civilización los humanos desarrollaron el lenguaje, este llevó al simbolismo y de repente las palabras tomaron la equivalencia de gestos o acciones.

El pensamiento simbólico, si bien es rápido y conveniente, ha llevado a giros y torcimientos del pensamiento conocidos como “objetificaciónes”, haciendo que conceptos puramente imaginarios sean considerados como “reales” y tratados como tales (incluso más que lo que es real de verdad).

Y es que como se muestra este estudio si objetificamos una idea, nuestra evaluación sobre ella se verá modificada.

Qué es la terapia manual? Podemos encontrar numerosas definiciones sobre la terapia manual.

Diane Jacobs nos propone la suya:

“Una interacción, pagada, contractual, consistente en un contacto terapéutico (físico o verbal) entre una persona formada y autorizada para proporcionar tratamientos para mejorar el movimiento y/o disminuir el dolor, y un paciente que busca ese servicio pagado.”

La mayor parte del comercio humano consiste en un contrato para solucionar un problema. Este problema puede ser real u objetificado. Los peluqueros cortan pelo. Los dentistas trabajan los dientes. Los APIs ayudan a la gente a comprar/vender casas. Los cirujanos extirpan apéndices enfermos. Los abogados discuten casos…

Siempre encontramos un objeto real o una objetificación de una situación subjetiva más el objetivo de resolver el problema definido. Ambas partes acuerdan y trabajan juntas para la solución.

En terapia manual el objetivo normalmente será ayudar a un humano con dolor, pero el dolor es una entidad nebulosa, por lo que no podríamos aceptarlo como objeto real. El dolor es un estado subjetivo, antaño considerado como un sentido específico o un input al cerebro, hoy es más bien un output del cerebro hacia su propia conciencia respecto a una amenaza (real o imaginada).

Es importante tener en cuenta que las terapias manuales han evolucionado bajo la sombra del ahora eclipsado modelo de dolor cartesiano.

Nuestros “padres fundadores” de la terapia manual encontraron patrones de comportamiento o disfunción en pacientes y les asignaron nombres. Estos patrones que parecen tan reales como para ponerles un nombre (objetificados) son claros ejemplos de PAREIDOLIAS.

Unos ejemplos son:

  • Acupuntura – meridianos
  • Quiropraxia – subluxaciones
  • Ortopedia – Fallos biomecánicos, asimetrías…
  • Reflexología – “zonas”
  • Masaje – tensiones musculares, restricciones fasciales…
  • Osteopatía – bloqueos, ritmo craneosacro…

La terapia manual se enfrenta a un conflicto:

  1. La mayoría de terapias manuales se definen a sí mismas por los nombres que se derivan de los patrones percibidos pareidolicamente.
  2. Estos patrones surgieron bajo los conocimientos sobre el dolor y el sistema nervioso que hoy sabemos caducos.
  3. Ninguno de esos patrones puede llegar a ser mesurable científicamente.
  4. Pese a todo esto, han sido tratados y enseñados y pasados de generación en generación de terapeutas como si fueran “reales”.
  5. El principal mecanismo de transmisión de las habilidades en terapia manual es lo que la autora define como Modelos de Operador.

¿Qué es el modelo de Operador?

Un modelo de manejo en fisioterapia que consiste en un fisioterapeuta y un paciente (o estudiante) más alguna pareidolia o objetificación escogida por el terapeuta (o profesor) e implícitamente aceptada por el paciente (estudiante) con la intención que sea terapéutica.

Los modelos de operador son necesarios para la transmisión de la información entre generaciones de terapeutas. Pero no permitamos que se conviertan en creencias atrincheradas, sentirnos muy apegados, o imaginar que nosotros somos realmente agentes, actuando sobre conceptualizaciones de los cuerpos que tratamos.

Como terapeutas no podemos cambiar la estructura de los tejidos ni el dolor percibido. SÓLO el cerebro del paciente puede efectuar ese cambio.

La neurociencia nos está mostrando que los cerebros de nuestros pacientes producen efectos que proyectan hacia el cuerpo y hacia la conciencia. La terapia manual actúa como catalizadora de este efecto, pero nada más. A todo esto se le mezcla el placebo y la modulación.

Si pensamos de una manera objetiva nos daremos cuenta de que el único lugar real al que pueden llegar nuestras manos es a la piel (podemos cambiar la postura y afectar a estructuras internas pero nunca las podremos tocar físicamente).

La única cosa de la que podemos estar bien seguros es que tocamos la piel. La fuerza más liviana o la más demoledora, la piel siempre está primero. Desde el momento que solo podemos especular sobre lo que ocurre por debajo de esta, por qué no dejamos de hacerlo?

Dado las limitaciones sobre lo que realmente podemos hacer, o tocar, y los avances en neurociencias del dolor, la autora propone un cambio radical en la premisa de terapia manual. Propone considerar un nuevo modelo basado en la interacción.

Seguirá…

Lectura recomendada:

Therapist as Operator or Interactor? Moving beyond the Technique. J Man Manip Ther. 2011 May; 19(2): 120-121

Soma Simple – Diane Jacobs Discusion Lists

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Fernando Calvo

Fisioterapeuta desde 1997. Postgrado en terapias miofasciales, sí esas! Dibujante por aficción, y friki absoluto (WH40k, rol, cómic, cine…)

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